lunes, 30 de septiembre de 2013

Dame por muerto

Mejor dame por muerto.
Sólo así querrás verme,
tocarme, hablarme, tenerme;
y, sólo tal vez, decir:
"¡Cómo me gustaría
haber llegado antes!"
Mejor dame por muerto
y finge mi funeral.
Tal vez así se cumpla
una cita con café.
Mejor dame por muerto    
y deja que mi recuerdo
te despeine y alborote
tu cuerpo en el desayuno.
Deja que mi recuerdo
te cante mientras duermes...
Mejor dame por muerto,
que me estoy pudriendo en vida.
[Eso fue una exageración.
No lo de pudrirme, sino lo de vida.]
Dame por muerto para que así vengas,
mires mi cadáverica situación,
y con ojos tiernos, sinceridad
y desesperación me digas:
"Aquí estoy. Aquí estoy.
Aquí estuve siempre."
Dame por muerto,
pues la muerte es infinita
y ahí hay tiempo para equivocarme
las veces que yo quiera y no quiera.
Y nadie dirá que voy a echar a perder mi vida.
Si me das por muerto
y me ves como espectro,
déjame decirte que no te asustaría.
Más bien resucitaría para decirte
que yo ya te estaba dando por muerta.
Y dado que soy mal hombre de letras,
Para evitar interpretaciones
desfavorables debo aclarar
que “darte por muerta”
no es sinónimo de ya-no-quererte.
Todo lo contrario.
Es querer tenerte,
despeinarte,
desayunarte,
decirte: “Aquí estoy. Aquí estoy.
Aquí estuve siempre.”
Es querer verte, tocarte
Hablarte,

tenerte otra vez.