lunes, 24 de febrero de 2014

Entrevista a un asesino



―Bien. ¿Por dónde le gustaría comenzar?
―Por el principio, ¿por dónde más?... ¡Pero qué! ¿Por qué no te ríes, cabrón? ¡Fue un chiste!
―Disculpe, yo no…
―Tú también piensas que los asesinos en serie somos malhumorados, ¿verdad?
―No es eso. Es que no supe qué decir.
―Un escritor sin saber qué decir. ¡Vaya, vaya!... En fin. Comencemos por donde se debe: por las víctimas. ¿Cómo dices que se llamará tu novela? Voy a prender un cigarro ¿Te molesta?
―No, para nada. El título será: “Venas secas”.
― ¿Así de simple? ¿No quedaría mejor algo así como “Las venas abiertas de una víctima”?
―Ya hay un libro con un título parecido.
―Como sea. Venas secas será; ese no es mi problema. Adelante, pregunta lo que quieras. ¿Quieres un cigarro?
―No, gracias. ¿Cómo elige a sus víctimas?
―Deben reunir ciertas características y así suman puntos. Aquellos que alcancen cien, ganan. Por ejemplo: si apestan a sudor, suman ochenta. No soporto las personas malolientes.
― ¿De ambos sexos?
― ¡No, hombre! ¡Cómo dices eso! Sólo varones. Si uno se mete con las mujeres hoy en día lo tildan de misógino y de mala persona; cosa que no soy.
―No, por supuesto.
― ¿Te estás burlando de mí?
―Para nada.
― ¿Eso fue sarcasmo?
―Ni un poco.
―No te burles de mí, cabrón. Tú sumaste cincuenta desde que entraste a este cuarto, así que no…
―Le juro, señor, que no es mi intención faltarle al respeto ni ocasionar problemas.
―Más te vale. Te darás cuenta de que soy un tipo respetuoso; no fumo frente a los no fumadores, pero hay individuos que simplemente no tolero, ni la sociedad los tolera, y yo… bueno, los saco del camino.
―Entiendo. ¿Podría platicarme más sobre la suma de puntos?
―Claro. Si hablan mucho frente a mí, pero lo que se dice mucho y sobre estupideces, suman treinta; si comen con la boca abierta, suman veinte; y si hablan mientras comen, como es obvio, suman cien.
― ¿Obvio? La suma no es correcta.
― ¿Y qué? Si me limitara a las matemáticas no podría asesinar a quien yo quisiera. Además hablar mientras se come es asqueroso.
―Entiendo, entiendo. Bueno. Pasemos a los métodos que utiliza para sus crímenes.
― ¡Cómo que “crímenes”! ¿No dejé claro que lo que hago es un servicio comunitario?
―Tiene razón. Perdón.
―No pidas perdón. Los puntos no se revierten.
― ¿Cómo dice?
―Llevas cincuenta y cinco.
― ¡Cincuenta y cinco! ¿Pero por qué?
―Apunta. Veinte por dirigirme la palabra, diez por mirarme a los ojos, veinte por interrogarme…
― ¡Pero si usted accedió!
― ¿Y qué? Ya te dije que…
― ¡Señor, esto no puede ser!
―Por cada interrupción que haces sumas cinco, porque…
― ¡Deténgase, ya no lo haré!
―Y ya son setenta. A ver, interrúmpeme otra vez… Ánimo.
― …
―Así es mejor ¿no? Ya puedes hablar.
― …
―Di algo. Si no hablas mientras te hablo, sumas veinte puntos.
―Ya, ya hablaré.
―Siguiente pregunta.
―Quería saber sobre los métodos de sus… servicios.
―Incluso se escucha bonito decir “servicios” ¿verdad? Pero la moral, y la ética y esto y lo otro hacen que yo quede como criminal. ¿Viste mis víctimas en el periódico?
―Sí. Por ese medio lo conocí. En esas cosas no hay más que sangre y signos de admiración.
―Me aburres, hombre. Mejor pregunta, vamos.
―No me ha dicho nada sobre sus métodos.
―Ah, mira qué cosa. Disculpa mi mala educación. A veces me distraigo demasiado. Como sabes las mentes creativas son propensas a salirse del cráneo, y bueno. Oye, se me pasaba: sumaste diez puntos al no aceptarme el cigarro.
― ¡Diez más!
― ¡Es broma, hombre! ¿No conoces las bromas? Son grandiosas. ¿En qué estábamos?
―En los métodos.
―Ah, tantas ganas tienes de conocerlos. Te cuento sobre mi favorito. Pero antes déjame preguntarte algo. ¿Sabes por qué no me han arrestado?
―No, aunque tenía pensado preguntarlo.
―A la policía no le importa la gente. Los tengo comprados, pero sólo como pretexto, pues bien podrían arrestarme si así lo quisieran. El amigo que nos presentó es policía; y, bueno, tú ya sabes que en estos días los asesinos pululan en las calles y se contactan rápido.
―Sí, por supuesto; pero me gustaría saber sobre los métodos.
―Quince puntos más por insistente, joven.
―Es una broma ¿verdad?
―Quince más por no creerme.
―Señor, me parece necesario terminar esta entrevista. Me dio gusto conocerlo pero creo que debo irme.
―Se equivoca. Aquél que conoce mi profesión suma cincuenta puntos. ¿Cuántos llevas?
―Hasta luego, señor.
―Veinte más por no contestar. Usted no irá a ningún lado, señor escritor. ¿Quería conocer mis métodos? ¡Concedido!