― Hey, par de perros. ―gritó al momento
que husmeaba en una habitación. Después chifló y comenzó a llamar a los canes,
los cuales, al escuchar los chiflidos,
salieron de un cuarto levantando las orejas.
―Ahí están ―dijo―. Tengo algo que
decirles ―al escucharlo hablar, los perros se desinteresaron y se disponían a
alejarse; entonces él dijo:
―Sé que me entienden. Sé que todos los
perros lo hacen ―pero los animales hacían caso omiso―. Yo conozco a Cipión
y a Berganza ―agregó.
― ¡Mientes! ―ladró uno de los perros.
― ¡Cállate! ―ladró el otro.
― ¡Ajá! ―gritó él humano con emoción ―.
Respóndanme, perros: ¿por qué nunca hablan con nosotros los humanos? ―Los canes
se miraron como pensando “éste cree que vamos a responderle”.
―Vamos, digan algo. Ya los escuché hablar.
No le diré a nadie que lo hacen.
Los perros lo miraron un momento y luego uno de ellos dijo:
―No, no, “el hablar nosotros pasa de los
términos de la naturaleza." Deja de insistir.
―Eso dice Berganza en El coloquio de los
perros. ¿No es así?
―Así es. ¿Por qué has leído esa novela?
Es para perros, no para humanos.
― ¿Acaso es un tipo de escritura
sagrada?
― No digas más, compañero ―dijo el
segundo perro―. Recuerda que no debemos usar del oficio que por ningún caso nos
toca.
― Eso también está escrito en la novela,
¿verdad?
― ¿A qué has venido? ¿Sólo a platicar
con nosotros?
― Me gustaría preguntarles algunas
cosas. ¿Por qué no platican con los humanos? ¿Por qué no platican en voz alta?
― Hemos eliminado la necesidad de decir
cosas sin sentido sólo para "llenar el hueco del silencio", como
ustedes lo llaman. Nos comunicamos cuando es esencial y con otro tipo de
lenguaje.
― Me parece que ustedes, perros, han
alcanzado un nivel de conciencia más elevado que el del humano, porque no
cualquiera defeca en la calle y camina como si no pasara nada; o pocos se comen
su vómito con la soltura con la que lo hacen ustedes; sé que hay una buena
razón para eso. Además han desarrollado un sentido de la libertad muy curioso:
se reproducen con quién les place y cuando lo desean; es un libertinaje que
pocos se atreven a practicar. Sin
embargo se aparean sólo cuando es necesario. Entonces... Es un tipo de
libertinaje moderado. Algo así como lascivos con medida.
― Cállate, por favor ―interrumpió el
segundo perro―. Ladras más que yo.
― “Quisiera que a esos tales les
pusieran en una prensa, y a fuerza de vueltas, les sacaran el jugo de lo que
saben." ―agregó el primer perro.
― ¿Otra cita de la novela? ―preguntó el
humano.
― Nos sirve para moderar nuestro
comportamiento y convivencia con ustedes.
― ¡Pero ustedes son nuestros mejores
amigos!
―"¿Quién será poderoso a dar a
entender que la defensa ofende, que las centinelas duermen, que la confianza roba
y el que os guarda os mata?"
― ¿Eso a qué viene? Es otra parte del
libro ¿cierto? ―preguntó el humano.
― ¿En verdad no lo entiendes? ―preguntó
el segundo perro.
― No.
― ¿El hecho de que vivamos en la calle
no te dice nada?
― Sí, supongo que en realidad la defensa
ofende y todo eso. Pero por el momento háblenme como si fuera su amigo. Díganme
cómo viven sin comunicarse oralmente ¿No se cuentan cuentos, chistes o
historias entre ustedes?
― La única historia que creemos necesario
conocer ya sabes cuál es. Respecto a los chistes, bueno, nos reímos de lo que
vemos, y en ocasiones defecamos en lugares estratégicos para que ustedes se embarren
los pies. Eso es en verdad gracioso.
― Bueno, bueno, para nosotros es en
verdad molesto. Pero ahora díganme qué pasa con los gatos; porque cuando una
gata se está apareando, y maúlla de dolor, así de feo como suelen hacerlo,
ustedes salen ladrando enfurecidos, con ánimo de castigarla, como si no le
bastara el sufrimiento que ya experimenta ¿por qué?
― ¿No te gustaría preguntarnos por qué
nos revolcamos en carroña o excremento?
― Sí, también me gustaría saberlo.
― ¿O por qué nos comemos las moscas?
― Sí, por supuesto.
― ¿O por qué perseguimos nuestras colas?
― También.
En ese momento una señora con su hija
pasaron caminando fuera de la casa, y miraron a través de una ventana.
― No hagas, caso, hija. Ese señor está
loco y piensa que los perros le responden.