Para esos tipos que están hasta arriba
en un púlpito
basta un ligero empujón:
Quítate.
Y fuera abajo.
Quietos, ya
[por ahora];
y en silencio,
[por ahora],
como árbol que cae
allá donde no hay nadie,
donde nadie escucha
lo que nadie dice;
donde nadie corre
para que el mundo gire;
y las
hormigas
obreras
se comen entre sí
porque nadie les dice que no;
donde nadie dice no
porque nadie pregunta,
y nadie pregunta
porque aquellos que tenían
palabras para hablar,
ya se murieron
[Pero antes de morirse, los mataron. Hay
que aclararlo]
Quitarles el púlpito
y decirles que no,
que no
y que no,
y tomar el púlpito por los cuernos
y mirarlo a los ojos
y extirparle los ojos
con
nuestra mirada,
y morderlo con bisturís
y chuparle el veneno
y escupirlo en el rostro
de aquellos que estaban parados en él,
y darles con el púlpito
en la cabeza y en la boca,
[esto
es opcional]
en las rodillas
y en los tobillos
[esto es necesario]:
que no encuentren modo
de subir de nuevo.