domingo, 23 de noviembre de 2014

Tres noches de un noviembre negro



Noche 1
Me despertaron los pasos de dios. Sí. Él fue. Llegó representando a mi diosa. Escuché que corría en torno a mi camastro. Abrí los ojos y vi que huía de diablo. Dios es el deseo y diablo es la moral. ¿Cómo más sino así? El deseo me extrajo del sueño a la oscuridad de mi cuarto impregnado en la noche y me encontré observado por los enormes ojos de diablo que se detuvo a mirar un instante, para seguir persiguiendo a dios, junto al dios de todos aquellos que desestabilizan la moral.

Noche 2
Otra vez me despertaron los pasos de dios. Una vez más corría delante del rojo, pero esta vez no fueron deseo y moral. Se transfiguraron. Hoy fueron infierno y paraíso corriendo uno detrás del otro. Y brillaban mucho. Primero pasó el infierno vestido de blanco, manchado de sangre pidiendo paz;  detrás, el paraíso montado en un púlpito dorado con destellos universales, sujetando un arma de fuego y una lanza con la que lastimaba al infierno en las costillas.
     Me puse a pensar: debe ser… debe ser que estamos viviendo en el infierno. Sí, eso. Y en el paraíso están aquellos gobernantes, viviendo la vida a los mil lujos. Carajo. Pobre infierno-dios; pobres de nosotros, contentos por ver aquí a dios aunque nos estén matando.
     Después llegó la dialéctica: “So, so you think you can tell heaven from hell…?”*
     Y, pues…  ¿qué es el infierno y qué es el paraíso? Para la araña, el infierno de la mosca atrapada en sus hilos, es el paraíso de cada día.

Fe de erratas.
Donde dice la araña, léase el gobierno;
Donde dice la mosca, léase el pueblo;
Donde dice hilos, léase lo que usted guste: cárceles, fosas, celdas, televisiones, hilos de titiritero, etc.

Noche 3
Dios dio sus últimos pasos en mi alcoba. Se fue. Lo vi tirado al lado de mi cama sometido ante el mal de diablo. Sabía que esto pasaría, aseguró dios; no por una simple corazonada o por su sentido de la lógica, sino porque es dios.
     Diablo dijo: tú y yo sabemos que la historia se repetirá por los siglos de los siglos. Amén.

*¿Así que crees que puedes distinguir entre el cielo y el infierno...?