jueves, 18 de diciembre de 2014

Cadáveres en construcción



Para la situación tan carminamente oscura de hoy,
no podemos dejar de buscar
debajo de la tierra,
entre las piedras y las cenizas:
meter la mano en el lodo
y sacar lo evidente:
el pasado está hecho de huesos,
y nos toca sacarlos, reacomodarlos;
tentarle el corazón a los esqueletos
para ver si siguen vivos;
preguntarles su nombre
y pedirles que nos digan
qué es ese enorme
esqueleto rojo que brilla
en el mar oscuro del cielo,
por qué nos usa para jugar al jenga,
por qué nos apila
uno sobre el otro,
adentro de una casa chiquita
mientras estamos con vida.

¿Acaso quiere acostumbrarnos a la muerte?

Preguntarles también,
[suponiendo que han tenido
tiempo para pensarlo,
o quizá ya lo averiguaron
estando en el núcleo del mundo],
si es que somos un edificio
cuyo arquitecto
sólo edifica con cuerpos,
porque al parecer
piensa
que los cimientos
de esta construcción
que solamente él conoce
quedarán más resistentes
si los refuerza con calcio.

¿O es que quiere convencernos
de una vez por todas
que estamos condenados
desde que nacemos;
que simplemente somos
muertes en espera,
una obra negra,
una casa podrida,
quemada,
árbol hecho de carbón,
diamante quebrado,
pozo sin fondo,
cucaracha que busca refugio
en el zapato que la aplasta,
un cerillo que se enciende a sí mismo
para iluminar la noche,
y muere;
una abeja que ataca a su enemigo
para salvar su vida,
y muere:
una serpiente que
se devora a sí misma
para saciar su hambre,
y muere;
un planeta
que para salvarse,
lucha contra sí mismo

y muere.